Ya han pasado 18 meses, y cuantas cosas van cambiando... el nido y el refugio de mamá se van transformando en exploración y los brazos aventureros de papá. Los fines de semana que Emilia tiene más oportunidad de estar con su padre no se separa de él, y me enternece ver como me dice adiós agitando la mano alegremente cuando se van a dar una vuelta sin mi. Sí, se marcha tan contenta, y yo me quedo pensando cómo es que ha crecido tanto si me parece que ayer aún casi ni abría los ojos, y como puede ser que ya no me necesite de esta manera tan intensa, como hace unos meses, cuando la porteaba junto a mi pecho... todo esto ha transcurrido en un parpadeo.
En otoño las bandadas de patos se preparan para el gran viaje y las vemos pasar ensayando en formación, Emilia estira el dedo todo lo que puede -"pato, pato, pato, pato!!!"- hay que ver qué rica sabe cada nueva palabra en su boca. La ribera del Duero está realmente hermosa, mis fotos no le hacen justicia, como ha llovido el aire está impregnado de olor a humedad. Debe ser la morriña, pero no me doy cuenta de que extraño "miña terra galega" hasta que siento el olor de la lluvia y la tierra mojada.....
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada